miércoles, 6 de julio de 2011

EL PODER BANCARIO

Circula en la red un video curioso y original. Ciudadanos andaluces entran en oficinas de entidades bancarias y comienzan a bailar espontáneamente, en medio de la sorpresa de quienes hacen cola y mientras se escucha de fondo el grito ¡Esto es un atraco! Es una suerte de “flash mob” en el que para rubricar su autenticidad pueve verse a algunos empleados tratar de impedir la espontánea manifestación de grupos de ciudadanos que exteriorizan su protesta de esa forma: bailando flamenco, taconeando, marcándose unos pasos como sólo los andaluces saben hacer.

Los bancos, la banca, los banqueros, todo lo que envuelve ese ámbito de las finanzas, todo lo que rodea a las sucursales del capital empiezan a estar estigmatizados. ¿Qué creían, que no les iba a tocar, después de la convulsión que han causado con sus políticas, con sus restricciones, con sus comisiones, con sus productos, con sus operaciones, con sus abusos?

Así como otras figuras públicas, otros personajes, otros agentes sociales y hasta las mismas instituciones han quedado señaladas por determinadas decisiones o por trayectorias que han ido mermando su credibilidad y su propio papel, la banca ya debe saber que no goza de simpatías populares. Tiene a su favor la gran baza: el dinero, el capital, y mientras esté en sus manos, es una sartén bien asida por el mango de modo que difícilmente habrá alternativas. Pero esas crecientes señales de desazón, de protesta, de no resignarse apuntan claramente a debe reorientar estrategias no para vender productos atractivos sino para ganarse la confianza y el respeto de usuarios y clientes a base de... Los banqueros sabrán. Pero que sepan que el crédito de aquéllos se está agotando.

Aunque los ciudadanos sigan pensando que los bancos tienen más poder que el mismísimo Gobierno, tal como reveló un informe de la fundación “Alternativas” que concluye tal circunstancia como una de las deficiencias de la democracia española. Ni más ni menos. El informe, dirigido por el periodista Joaquín Estefanía, ex director de El País, es revelador: se reconoce el miedo a la inseguridad económica, “a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual”.

Y luego, esa otra apreciación: el poder de las decisiones parece depender más de lo que digan o hagan los bancos. Antes que las políticas gubernamentales. Es tremendo.

Menos mal que en Andalucía -y en la red- bailan al son de intereses y de comisiones crecientes. Aún el miedo da para divertirse.



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