miércoles, 25 de febrero de 2009

COMO ALIMENTOS CADUCADOS

"Ver algunas series de televisión es como comer alimentos caducados".
Así de rotunda lo ha afirmado Carmen Guaita, filósofa, maestra, secretaria de comunicación de un sindicato de profesores de educación y autora de un libro recientemente aparecido (Contigo aprendí), con lo que refresca un viejo debate, otrora caracterizado por tintes moralistas y ahora, cuando tantas opciones hay tantas facilidades se brindan, validado para repasar algunos patrones por los que se guían, sin muchos escrúpulos, editores y responsables de contenidos. Con tal de la audiencia, todo vale. Y no es así.
Que los niños o menores de edad sean espectadores, malo. Pero mucho peor es que participen en algunos programas (también de televisiones locales) donde escuchar insultos, descalificaciones y términos soeces es moneda corriente.
Guaita llega hasta el límite: se muestra partidaria de prohibir la visualización de algunos programas -es un término delicado en la sociedad de nuestros días, pero...- y hace responsables a los padres que son quienes deben controlar usos domésticos, horarios... y el mando, el famoso mando a distancia. Hay una ración, por supuesto, para los medios de comunicación pues "los índices de audiencia no se pueden alcanzar a costa de mensajes negativos y completamente destructivos".
Diagnosticado el mal, la profesora Guaita aporta su alternativa: "Recuperar valores guardados con naftalina durante muchos años". La amistad, la generosidad, el respeto, la responsabilidad, la laboriosidad y la cultura del esfuerzo son algunos de esos valores, los que han cedido ante la agresividad, la violencia, la desmotivación, el consumo indiscriminado o la tenencia de estupefacientes. Muchos de estos factores generan la pérdida de autoestima y el fracaso escolar, por supuesto, de modo que se hace necesario insistir: hay que inculcar los valores que hagan de la vida de niños y adolescentes un proyecto que se construye día a día.
Padres, manos a la obra. Pero no sólo ellos. Propietarios de medios, editores, programadores, directores, conductores: a trabajar con seriedad, sin hipocresías ni fariseísmos, renunciando a contenidos claramente nocivos.
A demostrar de una vez que la televisión ha de servir también para formar.
Si no, los alimentos caducados seguirán imponiéndose triste y peligrosamente.

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